¿Qué pasaría si el problema no fuera la ansiedad… sino la guerra constante que libramos contra ella? Durante décadas, la psicoterapia se centró en reducir síntomas: menos pensamientos negativos, tristeza y/o miedo. Y aunque ese trabajo ha sido valioso y científicamente sólido, hoy sabemos que muchas personas no sufren únicamente por lo que sienten, sino por la lucha incesante por no sentirlo. Y se ha demostrado que intentar no pensar en algo, suele intensificarlo.
En psicoterapia, la tercera generación surge a partir de nuevas investigaciones y del diálogo entre la ciencia del comportamiento, la regulación emocional y los procesos atencionales. No reemplaza, sino complementa y enriquece lo ya desarrollado dentro de la tradición cognitivo-conductual (TCC). Su desarrollo integra principalmente tres elementos:
- Procesos atencionales.
- Aceptación.
- Análisis funcional contextual.
Uno de los antecedentes más representativos fue la incorporación clínica del mindfulness por parte de Jon Kabat-Zinn, quien llevó prácticas contemplativas (meditación) a un marco médico y científico; para que pudieran estudiarse y aplicarse en hospitales y contextos terapéuticos. Esto abrió la puerta a modelos terapéuticos más amplios que integrarían lo que ahora se conoce como la atención plena, a la intervención psicológica basada en evidencia.
El cambio central de la tercera generación es que ya no se trata solamente de cambiar lo que pensamos, sino de cambiar cómo nos relacionamos con lo que pensamos y sentimos.
En lugar de intentar eliminar pensamientos incómodos o emociones difíciles, el proceso terapéutico se centra en modificar el impacto que tienen en nuestra conducta. Es decir, que dejen de dirigir nuestras decisiones de manera rígida.
Otro desarrollo importante en esta etapa, es la Terapia de Aceptación y Compromiso, creada por Steven C. Hayes; la cual propone, que la salud mental no consiste en no sentir malestar, sino en desarrollar flexibilidad psicológica, la capacidad de estar en el presente con apertura y actuar de acuerdo con nuestros valores.
La base que sostiene esta propuesta implica que no solo sufrimos por lo que ocurre, sino por lo que pensamos sobre lo que ocurre, por lo que anticipamos y por las historias que nos contamos. Desde esta perspectiva, el problema no es tener pensamientos negativos, sino quedar atrapados en ellos (fusión cognitiva) o intentar evitarlos (evitación experiencial).
Otros modelos importantes dentro de la tercera generación son:
- La Terapia Dialéctico Conductual (DBT), desarrollada por Marsha Linehan, que combina aceptación y la regulación emocional.
- La Terapia Cognitiva Basada en Mindfulness (MBCT), que ha ayudado a reducir recaídas en depresión al enseñar a las personas a observar sus pensamientos.
La investigación respalda este enfoque, y los estudios han mostrado que la flexibilidad psicológica es un factor clave en la reducción de ansiedad, depresión y estrés, funcionando como un proceso común que influye en varios trastornos.
La tercera generación mantiene el análisis funcional del comportamiento, es decir, entender por qué una conducta ocurre en determinado contexto.
En términos simples, este enfoque tiene como premisa ampliar la capacidad de vivir de manera coherente con lo que es importante, incluso cuando hay malestar.